…Por Senda Holística

Cuenta la leyenda que, en cierta ocasión, el mago Merlín depositó un puñado de sal mágica sobre sus manos, observó la dirección del viento y, acto seguido, al tiempo que pronunciaba un encantamiento, la lanzó al aire con todas sus fuerzas y formó una nube que finalmente desencadenó una tempestad sobre uno de los ejércitos enemigos del rey Arturo.
En algunas tradiciones de las más remotas aldeas del Himalaya se habla de un poderoso dragón blanco que estaba cubierto con afiladas escamas de sal. Dos de ellas, rematadas en punta, concluían a la manera de punzones en su larga cola. La leyenda aseguraba que quien pudiera cubrir y salar sus alimentos con la materia de aquellas escamas jamás pasaría hambre. Por el contrario, también se decía que si en uno de sus vuelos el dragón blanco perdía uno de sus punzones de la cola, derramaría todo tipo de desgracias sobre la aldea en la que cayesen sus restos. Acá observamos en este elemento como en todos los de la magia la dualidad del bien y el mal, el bien para quien la utiliza para su prosperidad y el mal para sus enemigos. Así vemos que era positiva para Merlín pero negativa para sus enemigos, o, como sucedía con el dragón oriental, podía servir para enriquecer o para provocar toda suerte de desgracias, La sal ha sido indispensable en círculos mágicos o nubes encantadas, ha participado como elemento insigne dentro de la alquimia y ha sido también sustancia sagrada en la purificación de templos. Al mismo tiempo ha sido un elemento terrible, pues en sal se convertirá la mujer de Lot al mirar hacia atrás, tal y como se nos narra en La Biblia. La sal ha sido el poder, la fuerza y la energía. 

Antiguamente para un Mago o una Meiga poseer sal era tanto como decir que se estaba en condiciones de formular encantamientos o sortilegios de todo tipo. Quien poseía la sal podía enterrarla junto a un difunto para otorgarle así un buen tránsito hacia el más allá, o bien lanzarla sobre la puerta de un vecino para atraer sobre él toda suerte de desgracias.
Las tradiciones que antaño fueron cotidianas, poco a poco se han perdido por que se han perdido los afectos a estas prácticas o simplemente no se han sabido transmitir. Actualmente ya nadie deposita unos granos de sal en el umbral de su puerta o en el alféizar de la ventana como tiempo atrás, cuando hacerlo era la puesta en práctica de una sencilla magia: lograr la prosperidad en el hogar. Ya nadie, o quizá sólo en pueblos recónditos, tira un puñado de sal con la mano izquierda sobre las brasas de una hoguera para honrar a los espíritus del fuego que más tarde permitirán cocer los alimentos.
Hemos perdido también la sana costumbre de caminar sobre alfombras de sal, como hicieron en otros tiempos determinados sacerdotes orientales que se purificaban de esta forma antes de entrar en los templos. No colocamos sal mezclada con miel para propiciar la durabilidad de nuestras actividades amatorias en el lecho, como recomendaban las brujas del Medioevo. Desde luego, tampoco nos frotamos las manos con sal antes de entrar en batalla, como se supone que hacían algunos guerreros celtas, demostrando así su nobleza. El poder espiritual de la sal casi ha pasado a un segundo plano, aunque son numerosas las culturas que todavía recurren a ella como elemento mágico, oculto y supersticioso. 

En la antigüedad era un bien preciado y, en muchas ocasiones, se utilizaba como moneda de cambio cuando se comerciaba mediante el trueque. Por eso tenía un valor añadido que hacía de la sal un elemento mágico casi reverenciado. De ahí surge la palabra “salario” puesto que solían cancelarse servicios con ella, como elemento químico tiene el poder de neutralizar todo tipo de energías negativas. No sólo da un sabor inigualable a las comidas, si no también sirve como desinfectante e incluso para conservar alimentos perecederos. 

USOS MAGICOS 

En la actualidad Se usa sobre todo para limpieza, consagración y protección. Es un elemento femenino que se suele contraponer al azufre, que es masculino. Puede utilizarse tanto sal de roca como sal marina, ambas son benéficas puesto que, se dice, la primera atrae las bendiciones de los elementales de la tierra y la segunda las de los del mar. 

La sal tiene un valor esotérico al simbolizar la pureza en rituales religiosos de todos los tiempos. Veamos un resumen de los 7 poderes mágicos que por siglos diversas culturas mundiales le han adjudicado a la sal: 

1. Repele las energías negativas 
2. Aviva y aumenta el efecto benéfico del incienso.
3. Aleja los espíritus negativos 
4. Aleja visitantes indeseados 
5. Aumenta la concentración 
6. Repele el mal de ojo 
7. Atrae el dinero 

La sal aísla, protege y purifica, por eso debemos aprender a utilizarla en nuestros experimentos de magia práctica. 

La sal es divina pero debemos más que ver en ella un contenido idolátrico debemos ver un contenido altamente simbólico. Según narran numerosas leyendas el poder de la sal reside, precisamente, en su carácter divino. Por ejemplo, en algunos mitos sirios se nos dice que los dioses, deseosos de premiar a los hombres, les entregaron la sal enseñándoles a usarla para tener mejor calidad de vida y conservar sus alimentos. Para algunas tribus del Himalaya, los dioses entregan un tesoro de sal únicamente a quienes son puros de espíritu, ya que dicha condición es esencial para ser merecedor de tan preciado bien. 

Al reunir en ser humano en su entorno y considerarse como una manifestación de Dios, se convierte también en alimento que purifica, que libera el alma y conduce correctamente al espíritu. El filósofo judío Filón de Alejandría os acerca a esta realidad purificadora de la sal. Se refiere a ella cuando menciona el alimento de los terapeutas en el día de la festividad judía, el Sabbat. Filón manifiesta que existía un preparado especial, un alimento casi mágico compuesto de pan, sal de hisopo y agua clara que, supuestamente glorificaba el alma. 

Lejos de oriente, en el continente europeo, vemos que la antigua diosa lituana Gabija, considerada como señora del fuego sagrado, recibía ofrendas de sal que esparcía sobre las llamas de las hogueras prendidas para su adoración. Este acto ritual pretendía devolverle a la diosa lituana una parte de la sabiduría y fuerza que ella había otorgado generosamente a los humanos. 

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