…Por Âibandú

La sabiduría andina nace del sentimiento de la Unidad del ser humano con la naturaleza y el cosmos. Los fundamentos de la cosmovisión del hombre originario de América se basan en que todo lo que existe se concebía y se respetaba como Es, unido al todo existente. El ser humano no se sentía, no se pensaba, no se intuía, no se imaginaba, no se percibía, no se soñaba fuera de la realidad, sino que, por el contrario, se apreciaba parte de la realidad misma. Ser humano y realidad era entonces una sola entidad, y en esta entidad percibía su identidad de estar incluido, de estar dentro de la realidad misma, porque Todo está atado o vinculado a todo. El hombre no se consideraba un extraño o al margen de la realidad. Todo era realidad, no había lugar a existencias no reales, de esta forma los pensamientos, los sueños, los “seres intangibles” eran tan reales como nuestra materialidad. En el Cosmos todo tiene su lugar, así era, así es y así será. No hay jerarquía, cada elemento existe por y para sí y para todo.

Esta sabiduría hunde sus raíces en la antiquísima cultura que alguna vez floreció en Tiwanaku. Esta sabiduría se desarrolla en el ESTAR EN WHIPALA. Whipala: Whi. Totalidad. Pala, su manifestación. Por lo tanto Whipala es la manifestación de la Totalidad. Estar en Whipala es Estar Siendo-Ocurriendo, es decir, fluyendo a cada instante, viviendo sin expectativas, sin reproches, sin lamentos, sin juicios.

Una persona en Whipala actúa sintiendo y estando en equilibrio, en complementación, en consenso y en respeto con la diferencia y con la semejanza de cada ser, de cada individualidad.

La Whipala representa a cualquier “ser” y a la vez a toda la Realidad. Es, entonces, un símbolo dual, por lo que en el nivel del planeta representa a la Tierra; en el nivel de lo humano representa al hombre, como específico, natural y cósmico: y en el nivel planetario representa al accionar del conjunto del Sistema Planetario Solar. Es decir, es una representación de la Realidad en su conjunto y cualquiera de sus “elementos”, sin que éstos sean autónomos y diferentes entre sí, sino “parte” que se diluye y confunde en la realidad misma del Todo, de manera que el Todo es una Unidad en donde cada “elemento” es, a su vez, expresión de la totalidad que concentra y desconcentra al Todo.

El códice del Whipala está constituido por los siete colores del llamados “Arco Iris del Chamán”, cada uno de los cuales representa determinada modalidad de energía. A su vez, los colores del “Arco Iris del Chamán” determinan el ámbito de la realidad perceptible por el ser humano, vale decir, incluye lo que se conoce y lo que se puede llegar a conocer. La totalidad, que incluye las dimensiones de la realidad a las que no es posible acceder a través del conocimiento, está representada por la oscuridad, vale decir, es a partir de la totalidad, del negro, desde donde emerge la realidad perceptible por el hombre, la cual se expresa a través de diferentes niveles vibracionales.

Es así como nuestras culturas originarias ancestrales mantenían su unión con la Totalidad …. ERAN LA TOTALIDAD manifestada en la Tierra ….. Ser la Totalidad es entonces un asunto de energía. Es simplemente la capacidad de todo ser humano de alcanzar diferentes estados vibracionales. De activar y utilizar la vibración de su materia.

La realidad es Una e integral como Totalidad, donde todo está unido a todo, donde todo es inseparable, donde absolutamente todo se interpenetra, se intercepta, se combina de un modo equilibrado, complementario y consensual de manera subyacente y de fondo, pese a las diferencias de cada ser que, como una unidad, es diferente a otra por su originalidad, pero semejante en tanto que todo se expresa en la Totalidad en su propia individualidad.

La sabiduría andina sostiene que cualquier expresión está viva y no muerta. La sabiduría andina sostiene que la Totalidad se alcanza con el sentimiento y no con el intelecto.

Para los andinos el mundo está formado por una infinita variedad de energías vivas, a las que llaman kausay. Todos los seres vivos, desde los más ínfimos protozoos a los seres humanos, poseen esta misma consciencia energética, una burbuja de energía viva que circunda y penetra el cuerpo material. Para entrar en el mundo trascendente del sacerdocio andino hay que aprender a comunicarse y relacionarse directamente con estas energías vivas y con las burbujas energéticas, ya sean de personas, seres o lugares. Para el mundo andino, en el mundo de energías vivas no existen energías positivas ni negativas, sino una gradación de energías vivas más sutiles o refinadas, y energías más densas o pesadas.

Afortunadamente, en estos momentos estamos retornando a la concepción de unidad. Nos estamos dando cuenta que existimos en grupos, determinados por distintos niveles de afinidad energética, repeliendo, intercambiando y absorbiendo mediante sutiles comunicaciones energéticas interrelacionadas. Y nuestro ser se prolonga fuera de sí mismo mediante distintos campos de energía para conectarse con otros campos más vastos. Y esto no es otra cosa que Geometría Sagrada …. algo que nuestros pueblos originarios conocían muy bien.

En el mundo Andino Pre Inca existió un sistema Geométrico Proporcional de Medidas, cuyo factor de cambio o variación fue la relación matemática “Pi”, sintetizada en la fórmula geométrica de la Cruz Cuadrada, originada en la observación de la constelación de la Cruz del Sur y el descubrimiento de la proporción sagrada entre los brazos de la Cruz del Sur, el menor era el lado de un cuadrado y el mayor la diagonal del cuadrado (raíz cuadrada de 2).

El círculo del medio de la Chakana significa el vacío, el no conocimiento, lo insondable, lo inimaginable, lo verdadero, lo sagrado. Representa la imagen universal de la unidad. Es el principio y el final, es el ciclo de la formación y la destrucción. Ese centro en la CHAKANA representa la imagen ideal de Dios, es el conocimiento que tenían los Andinos de la existencia de un Supremo Creador, Dios Rector de todo lo existente y lo no existente.  De ese vacío surge la creación dividida en cuatro puntos cardinales. Cada punto, a su vez, está formado por tres reinos: el uku pacha, el kay pacha y el hanan pacha. Es curioso observar que el término “pacha” se utiliza indistintamente para nombrar a la tierra (espacio) y al tiempo. Para los andinos, no hay diferencia entre el espacio y el tiempo. Una misma palabra quiere decir las dos cosas. Por ejemplo, Pachacuti es un ciclo de 500 años andinos pero significa también remover la tierra.

La fiesta de la Chakana se celebra el 3 de mayo. En esta fecha, la constelación de la Cruz del Sur adquiere la forma astronómica de una cruz perfecta, que coincide con el tiempo de la cosecha, en los ritos de fertilidad a la madre tierra.

La Chakana la podemos ver haciendo de “marco” del retablo Cosmogónico, del Altar Mayor del Korikancha, el cual sufrió innegables injertos hispano católicos. Por lo tanto para su reconstrucción hay que ir a versiones de segunda mano probablemente de un sacerdote andino, que estuvo en el Korikancha antes de la llegada de los españoles y copió o describió el altar por medio de Quipus. Esta iconografía data de tiempos inmemoriales, desde la época del Diluvio Universal. En él están contenidos valiosísimos arcanos de la cultura que se desarrolló en los Andes de Sudamérica.

También encontramos la Chakana en el diseño de innumerables ciudades, Huacas y Templos como un mensaje de tiempos pretéritos.

Cuentan los mitos andinos que los Apus albergan los espíritus de los dioses que vivieron antes del diluvio y que tuvieron el atrevimiento de darle el conocimiento a los primeros humanos para construir civilizaciones. ¿Fueron los antiguos andinos una raza especial? Los antropólogos físicos han bautizado a un hueso supernumerario de forma romboidal (justo arriba del occipital) con el nombre de Inca Bone. Ese hueso es un rasgo hereditario que está indicando que en algún momento ha ingresado esta característica en el tronco genético. Sólo ha sido encontrado en los cráneos precolombinos. Este Inca Bone hace que el cráneo tenga mayor cubicaje, es decir que sea más grande. Recordemos que una especie es más inteligente cuanto más grande es su cráneo.

Igualmente, otra anomalía ósea hallada sólo en la zona andina es la sutura metópica. Es una división natural en el hueso frontal. Divide verticalmente en dos la frente. Muchos expertos opinan que pertenece a un cerebro superior ya que favorece el posterior desarrollo del lóbulo frontal, asociado al intelecto. Estos huesos tienen mucha importancia pues hablan de un gen sólo presente en esa raza.

Las leyendas hablan que los gigantes, (algunos le llaman wamani pues están alojados en la parte más alta de la montaña) están esperando a que la humanidad evolucione lo suficiente como para que ellos puedan encarnar en cuerpos adecuadamente fuertes que aguanten su vibración. Mientras tanto, les hacen favores a quienes vienen con ofrendas.

Bibliografía:

“Genesis de la Cultura Andina” Arq. Carlos Milla Villena.

“Quipu”, Museo Chileno de Arte Precolombino

“Sabiduría Chamánica del Sentimiento”, de Peter Wild, Editorial Cuatro Vientos, Santiago, Chile

 

Mediale

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