… Por Fernando Salinas

La biodiversidad no es un capricho de la naturaleza, es una necesidad para la continuación de un sistema formado por seres vivos. Su pérdida ocasiona terribles consecuencias también para los seres humanos que habitan nuestro planeta tierra.

Cuando se analiza la extinción de una especie, es posible identificar algo que los científicos llaman el “punto de no retorno”, que representa aquel momento o estado en que una especie ya no puede hacer absolutamente nada para evitar su extinción. Es la instancia en que la especie no puede adaptarse a las condiciones de su entorno.

Desde luego, en una situación normal del planeta, la posibilidad de adaptarse es real y es uno de los mecanismos propios que utiliza la naturaleza para su evolución; uno de los recursos más utilizados para cambios bruscos (por ejemplo, la escasez de agua o alimento) es la emigración a otros lugares. Cuando el cambio del ambiente es lento (como usualmente se daba en el pasado) las especies pueden producir modificaciones en sus hábitos o sus condiciones físicas. Hay también situaciones que son temporales, locales o cíclicas que no llegan a producir la extinción de una especie, pero cuando la situación es global la posibilidad de adaptación se reduce.

En el caso de la especie humana es más complejo aún, ya que hoy en día, por su condición de especie dominante global, ella depende de todas las demás. Cada vez son más los científicos que creen que una extinción masiva de especies podría estar a la vuelta de la esquina y ello puede constituir nuestro punto de no retorno. En ecología, justamente porque todas las relaciones entre seres vivos y ambiente importan, no tenemos modelos que puedan hacer predicciones pero sí podemos hacer proyecciones gruesas, lamentablemente sin mucha precisión en los tiempos.

Ya en septiembre del año 2013 el informe del IPCC advertía que el cambio climático se está acercando a un punto de no retorno. El ritmo de extinción de especies en el planeta es de entre cien a mil veces superior que en el pasado geológico de la Tierra y existen ya pronósticos para este siglo que hablan de una pérdida de especies a un ritmo 10.000 veces superior al pasado, y estos sí serían datos que realmente nos indicarían que estamos cerca de una extinción masiva. Todas las especies están interconectadas con otras para su supervivencia y cuando una de ellas se extingue no es un fenómeno particular y solitario sino que afecta la posible extinción de muchas otras. Matemáticamente, se puede asimilar a un modelo exponencial el cual, en corto tiempo, produce la aceleración de los efectos.

Ante la pregunta ¿cuánto tiempo falta para la especie humana traspase ese punto de no retorno?, no hay una respuesta precisa. El problema es la dificultad para modelar el comportamiento de la totalidad de las variables involucradas; en estricto rigor, deberíamos incluir la interacción de todas las especies del planeta entre sí y su relación con las condiciones fisicoquímicas del planeta. Ello es imposible, razón por la cual el problema sólo puede ser estudiado parcialmente y luego tratar de encontrar las relaciones entre las distintas partes estudiadas. Sólo sabemos hacia donde nos dirigimos, pero no conocemos los tiempos y las magnitudes precisas.

Lo que finalmente ocurra dependerá de todos y cada uno de nosotros, cohabitantes de este hermoso y generoso planeta. Pensar que la solución del problema se resolverá en las altas esferas del poder es ilusorio.

Paimún

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