Así como aumentan los trastornos relacionados a nuestros estados de ánimo, también se eleva el número de tratamientos. Mientras la medicina tradicional es reacia a aceptar métodos complementarios, somos testigos de que estos cada vez son más reconocidos. Es el caso de la aromaterapia, unos de los tratamientos naturales más antiguos y utilizados actualmente.

Si bien el término aromaterapia se utiliza hace menos de un siglo, su uso terapéutico, espiritual, y cosmético lleva cerca de cinco mil años de historia. La palabra fue empleada por primera vez por el químico de origen francés René-Maurice Gattefosé en 1935.

Esta medicina alternativa empieza en las culturas orientales de China, India, Egipto y Persia, y nace de la herbolaria y de la fitoterapia, prácticas que utilizan aceites esenciales para mejorar tanto la salud física como mental. No obstante, a diferencia de ambas, en la aromaterapia estos aceites no se consumen, sólo se utilizan para su inhalación o aplicar en la piel.

Esta disciplina aporta un uso terapéutico de los aromas puros para un tratamiento natural y se define como un complemento importante para ayudar a restablecer nuestro equilibrio y armonía.

En tanto, un aceite esencial puro, según Peter y Kate Damian, autores de “El olor y la psique”, es la condensación de la “esencia” vital de una planta, es decir, el lugar donde se almacena la energía solar y le brinda la fragancia. Pero también allí se ubican sus propiedades terapéuticas y nutricionales altamente concentradas.

La base de esta técnica es el olfato, pues éste es un sentido que no para. Vivimos en un mundo donde cada momento nos entrega una fragancia distinta; la naturaleza, las personas o las cosas, incluso cuando dormimos.

¿Sabías que las millones de células olfativas humanas son sensibles a unas 10.000 sustancias químicas diferentes?

Es así que al ser un olor percibido por la nariz, alcanza la mucosa olfativa, y tras un largo proceso, llegan hasta nuestro cerebro, lo que nos hace conscientes del aroma que hemos sentido.

Los aceites esenciales poseen diversas propiedades que provocarían estímulos en el ser humano y según los más entendidos, es un invalorable elemento de bienestar.

En su publicación, Pete y Kate Damian dan a conocer las propiedades de algunos de los más utilizados:
Relajantes: ciprés, clavel, enebro, gálbano, ylang-ylang, cedro, mandarina, manzanilla, mirra, rosa, sándalo y vetiver.

Equilibradores: albahaca, bergamota, geranio, incienso y lavanda.

Estimulantes: canela, clavo, eucalipto, hinojo, jengibre, lima, menta, naranja, palmarosa, petit grain, pimienta negra, pino, pomelo y romero.

Antidepresivos: albahaca, amaro, bergamota, clavel, geranio, incienso, jazmín, lavanda, lima, limón, mandarina, manzanilla, naranja, nerolí, pachuli, pomelo.

Afrodisíacos: canela, cilantro, clavel, clavo, jazmín, jengibre, madera de cedro, nerolí, pachuli, romero, rosa, sándalo.

Estimulantes de la mente: albahaca, cilantro, eucalipto, menta, pino y romero.

El uso de los aceites esenciales en una forma de sustituir el empleo de las drogas químicas sintéticas. Esto ya que no sólo son antimicrobianos, sino que también cuentan con una función de mejorar el estado de ánimo, algo útil en la psicología y en la psiquiatría.

No obstante aquello, la controversia existe, pues mientras la homeopatía señala que a diferencia de las drogas sintéticas, los aceites esenciales recetados para males físicos o psicológicos no imponen su acción al organismo ni lo dañan.

“A la inversa, los antibióticos actúan modficando la constitución química de los microbios, de tal modo que los anticuerpos que produce el organismo para su propia defensa serán efectivos solamente contra gérmenes modificados”, sostiene el doctor Jean Valnet en su libro “La práctica de la aromaterapia”.

Valnet además sostine que los efectos perjudiciales de las drogas implican más que toleranca, adaptación y adicción, ya que según el galeno, causan un severo estrés “en tods los sistemas fisiológicos”, lo que conlleva numerosas deficiencias y desequilibrios.

A esto sugiere que los fármacos se consideren “de emergencia” en momentos de crisis y no “el primer recurso”. Aunque admite que resultaría lógico asumir los riesgos de su uso cuando a enfermedad sea severa.

La aromaterapia y los aceites esenciales ofrecen a los médicos una manera segura y efectiva para las enfermedades, que de otro modo, será prescrita alguna droga para sanar.

Por otro lado está la medicina convencional, cuyo estudio no acepta la práctica de los aceites esenciales como parte de la cura.

Bupa’s Health destaca que aunque existe evidencia “anecdótica” para apoyar el uso de la aromaterapia, hay poca base científica. En este caso, al haber escasa investigación sobre si la aromaterapia puede mejorar o aliviar problemas de salud, y que de estos sus resultados sean contradictorios, la hace poco creíble para la medicina tradicional.

Cabe resaltar que de los estudios que se han realizado sobre la efectividad de los aceites esenciales, hay puntos importantes para tomar en cuenta:

La aromaterapia tiene un efecto leve y de corta duración sobre la ansiedad y el alivio de la depresión. Además puede ayudar a reducir la sensación de agitación en pacientes con demencia y mejorar la calidad de vida de los pacientes con cáncer.

Sin embargo, gran parte de este trabajo ha sido poco concluyente y se necesita más investigación para probar si funciona.

Mientras, en un estudio titulado Aromatherapy: a systematic review de Brian Cooke y Edzard Ernst, se concluye que ésta es una terapia complementaria popular, su uso es cada vez más común dentro de los servicios de salud, hay pocos estudios, parece tener un efecto transitorio en la reducción de ansiedad, pero no hay evidencia de un beneficio duradero de su uso.

Independiente del debate que se ha generado en torno al uso de la aromaterapia, el método natural continúa ganando usuarios en el mundo. Tampoco es que la técnica busque ser la “cura de todo” o que los aceites esenciales estén libre de riesgos. Sólo es una forma complementaria a la medicina tradicional.

Paimún

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