La libertad de acción siempre significará en las personas una razón de expansión y motivación. La pedagogía Pikler demuestra que mientras menos interferimos en los movimientos de los bebés y niños mejor es su desarrollo físico, emocional y mental.

Intervenir en el desarrollo natural de las cosas es una de las conductas que explican el tipo de mundo que hemos creado. El proceso al que se somete a los alimentos para mejorar su rendimiento (transgénicos), medicamentos farmacológicos altamente invasivos para el organismo, y un sistema educativo que moldea a los niños sin respetar sus propios ritmos, forman parte de esta lógica interventora. En este error de formación, los seres humanos se equivocan; al querer apurar un proceso, haciéndolo anti natura; en intentar mejorar un organismo único e irrepetible; y por desconfiar de especies naturales que tienen todas las herramientas en su interior para crecer. Los más afectados por el adoctrinamiento e imposiciones de los adultos, son los bebés y niños, para quienes la infancia termina siendo una sin fin de obligaciones, que en la mayoría de los casos tienen una relación directa con los miedos, complejos y prejuicios de los padres y educadores. Una de las primeras personas en hacer un estudio exhaustivo, utilizando el método científico, sobre el desarrollo y cuidados de los niños en sus primeros años de vida, fue la pediatra Emmi Pikler. Ella saca como conclusión, tras miles horas de observación, que el niño es “un ser autónomo” capaz de aprender a moverse espontáneamente. Esta afirmación daría pie al método que lleva su apellido.

“Intentar enseñar a un niño algo que puede aprender por sí mismo, no es tan solo inútil, sino que también perjudicial” Emmi Pikler.

La austro-húngara, Emmi Pikler (1902-1984), tuvo su formación académica en Viena durante los años 20. En ese tiempo, haría un examen crítico de las teorías del apego o del constructivismo, y se empaparía de propuestas venidas del Psicoanálisis y de autoridades en pedagogía como Steiner o Montessori. Con una mirada del niño pequeño, como un ser competente y de iniciativas,  Pikler tuvo la gran posibilidad de tener a su cargo, por tres décadas, la sala cuna de la calle Lóczy (Budapest) en donde logro registrar la actividad diaria de cientos de niños y niñas pequeñas. Fue precisamente en este hogar infantil, que ahora es el instituto Pikler,  el espacio relacional en el cual Emmi, junto a otras cuidadoras formadas con los principios pedagógicos de la pediatra, demostraría la importancia del desarrollo de un  motor autónomo y de la relevancia de una actividad auto-inducida y conducida por el niño mismo. En Lóczy, los niños y bebes, cuyas familias biológicas no podían tenerlos a su cuidado, verían nacer un nuevo modo de crecer basado en la libertad y la independencia y el amor. Este último componente esencial no busca emular la relación maternal, sino que establecer una corriente de cariño que ayude al menor en sus actividades cotidianas.

Sistema Pikler

-valor de la actividad autónoma .

-valor de una relación afectiva privilegiada y la importancia de la forma particular que conviene darle en un marco institucional.

-necesidad de favorecer en el niño la toma de conciencia de sí mismo y de su entorno.

En el sistema educativo Pikle, el adulto es un observador de las acciones realizadas por la personas en sus primeros años, que únicamente proveerá al infante del lugar y recursos (ropa, aseo, alimentos, etc) necesarios para su progreso. El tema de los cuidados básicos constituye una parte fundamental de la parte práctica, porque es en esos momentos de estrecha intimidad y contacto (voz, tacto, mirada) cuando el bebé absorberá vivencias esenciales que fortalecerán la seguridad emocional necesaria para la evolución espontanea del área psicomotriz del cuerpo y del avance aptitudinal respecto a su entorno, lo que ayudará al final a potenciar un aprendizaje autónomo. Para comprender este innovador sistema, hay que darse cuenta que detrás de esos aparentemente torpes movimientos de los bebés se esconde la ejecución de un elaborado plan que se viene perfeccionando desde el origen de la humanidad.  Según Pikler se trata de darle a estos movimientos una absoluta libertad, ya que de esta forma el bebé o niño no se saltará etapas y aprenderá solo las diferentes posturas que debe adoptar, llegando a gatear o caminar aunque nadie le dé una mano. Porque “el movimiento libre basado en la actividad autónoma favorece en el niño el descubrimiento de sus propias capacidades, la utilización de sus propias adquisiciones, y el aprendizaje a partir de sus propios fracasos y logros”. Algunos de los limitadores de impiden la libertad de movimientos son: los andadores, coches, espacios (cunas o tumbonas), excesivos juguetes que achican el espacio, superficies blandas que debilitan la postura, sillas altas de comer e influencias externas irrespetuosas.

 

Lahsen1

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