Cuando era niño, me recuerdo que la profesora en el colegió nos explicó que el comunismo significa un sistema en el cual cada individuo trabaja de acuerdo con sus habilidades y obtiene lo que necesita, y no más. Como niño entendí que las personas quieren trabajar lo menos posible y recibir más de lo requerido. Pero en realidad, ahora entiendo que la sociedad comunista fue la primera etapa en la civilización humana. Los primeros humanos compartían todo y vivían como una familia. Cada tribu cazaba un mamut y se lo comían todos juntos. Luego, la humanidad comenzó a desarrollarse y su fuerza impulsora ha sido la permanente evolución de sus deseos.

Nuestra naturaleza innata fue preocuparnos sólo por el beneficio personal. Entre mayor eran los deseos, más sofisticadas fueron las formas que se inventaron para satisfacerlos. Nuestro egocentrismo natural permitió a la humanidad sobrevivir, crecer y prosperar.

Actualmente, la humanidad se ha convertido en un sistema integral y global. Ahora, las leyes que se aplican en la naturaleza han comenzado a aplicarse a todo el mundo.

En cualquier sistema de la naturaleza, cada uno de sus elementos recibe lo necesario para su existencia y usa el resto de sus esfuerzos para beneficiar al sistema en su conjunto. Esta ley universal nos lleva a considerar de nuevo el principio comunista arriba mencionado. La Unión Soviética le dio al comunismo un mal nombre, porque lo usaron para el intento fallido de construir una nueva sociedad. Sin embargo, el comunismo en su verdadero significado es una estructura social que cumple con las leyes de la naturaleza.

Con la crisis económica global, comenzamos a entender que la “victoria del capitalismo” no es tan simple. El sistema capitalista promueve el individualismo y la competencia en forma exacerbada. Este enfoque contradice al hecho que el mundo de hoy está completamente globalizado, es decir, cada uno depende de los otros. Un claro ejemplo de nuestra interdependencia es el caso de Alemania que está actualmente rescatando a otros países europeos que se encuentran en crisis. Parece que el gobierno alemán entiende que, al no hacerlo, su economía también sufrirá una crisis.

Entonces, la crisis nos obliga a dirigirnos hacia la cooperación mutua. La experiencia fallida de la Unión Soviética nos ayuda a reconocer que no se puede construir una nueva sociedad sin educar a las personas. Desde una edad temprana, se requiere un nuevo tipo de educación acerca de la globalización, interconexión y compromiso mutuo. Necesitamos entender cómo usar correctamente nuestros deseos y formar las conexiones correctas con los demás. Al construir una sociedad acorde a las leyes de la naturaleza, seremos más felices.

 

Lahsen1

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